Con 29 años, Jorginho se encuentra en la cúspide de su carrera futbolística. Es casi un hecho que se llevará el Premio a Mejor Jugador de la UEFA 2021. (Foto: Getty Images)
Con 29 años, Jorginho se encuentra en la cúspide de su carrera futbolística. Es casi un hecho que se llevará el Premio a Mejor Jugador de la UEFA 2021. (Foto: Getty Images)

La reciente consagración de la selección de Italia en la tras 53 años y el título de la 2020-21 del después de casi una década, cuentan con un hombre que, sin la necesidad de aparecer en los extensos resúmenes de ambas victorias, se ha consolidado como uno de los mejores futbolistas del mundo y un firme candidato a llevarse el : . Su nombre, aunque presumiblemente ligado a Brasil por el diminutivo ‘inho’, es el rótulo perfecto de un jugador contracultural al fútbol italiano que absorbió lo mejor de él para potenciarse.

En la naturaleza de Jorginho como mediocampista podemos reconocer el híbrido de dos culturas históricamente antagónicas: la samba y diversión como dogma de fe del fútbol brasileño, y la rudeza táctica de la idiosincrasia italiana. Pero este jugador de 29 años es mucho más que el resultado futbolístico de dos maneras de sentir este deporte, pues en esa inteligencia para tocar el balón hay una historia detrás que bien podría servir como el guion perfecto para una novela inédita.

Jorginho levantó la Eurocopa 2020 con Italia después de vencer a Inglaterra en una dramática tanda de penales. (Foto: Getty Images)
Jorginho levantó la Eurocopa 2020 con Italia después de vencer a Inglaterra en una dramática tanda de penales. (Foto: Getty Images)

Con arena en los bolsillos

Mientras el paisaje de Imbituba parecía ser el retrato de un pintor amante de la naturaleza –con palmeras, el cielo azul y espumosas olas–, los bolsillos de la familia de Jorge Luiz Frello Filho (Imbituba, Santa Catarina, Brasil, 20 de diciembre de 1991) estaban llenos de arena, mas no de dinero. María Tereza Freitas, la madre del pequeño Jorginho, se las ingeniaba para que en casa no faltase nada a la hora de comer. Ella, que en el pasado había sido una talentosa jugadora de fútbol femenil, gambeteaba la precariedad con ingenio y temple.

A la vez que Jorginho crecía en la escasez, María Tereza se encargaba de cumplir una promesa que se hizo ella misma cuando este nació en 1991: su hijo sería futbolista a toda costa. Las condiciones en Imbituba no eran las mejores, sin embargo, como sucede en todo Brasil, siempre hubo espacio para que ruede un balón. Esa misma arena que se colaba en sus bolsillos se convirtió en el escenario de las primeras clases que el jugador del Chelsea recibió por parte de su madre. “Controla, mira y toca” fueron las primeras indicaciones que ella le dio, un manual que desde entonces a seguido al pie de la letra para convertirse en el jugador que es hoy. “Yo golpeaba el balón y mi madre me decía: ‘No, contrólalo así’. Era dura cuando cometía errores”, recordó hace unos meses en declaraciones para los medios oficiales del Chelsea.

María Tereza Freitas, su madre, fue la primera maestra de Jorginho en el fútbol. Exigente como ninguna, ella moldeó los primeros dotes del jugador de 29 años. (Foto: Recorte)
María Tereza Freitas, su madre, fue la primera maestra de Jorginho en el fútbol. Exigente como ninguna, ella moldeó los primeros dotes del jugador de 29 años. (Foto: Recorte)

Para continuar con su formación futbolística, Jorginho tuvo que recorrer más de 170 kilómetros al norte de Imbituba para enrolarse a una academia ubicada en Brusque, un municipio perteneciente al mismo estado de Santa Catarina. Ahí estuvo desde los 11 hasta los 13 años, edad en la que Mauro Gibellini, exjugador y exdirector deportivo del Hellas Verona que andaba en Brasil, lo vio en uno de los torneos en los que deslumbró con su talento y lo invitó a irse con él a Italia para continuar con su crecimiento. Gracias a la ascendencia italiana de su tatarabuelo paterno no tuvo problemas para marcharse con un pasaporte comunitario, comenzando así su nueva vida en Europa que, como hasta entonces, continuaría siendo igual de difícil.

Primera parada: Verona

Lejos del ruido de las olas y más cerca de las oraciones de los monjes, Jorginho se instaló en la residencia del Hellas Verona –que también era un monasterio– con la angustia de no estar seguro si partir de Brasil había sido la decisión correcta para su vida. Si antes le costaba convivir con el miedo de no ser lo suficientemente bueno como para destacar en su tierra, siendo un forastero casi adoptado por Italia, la inseguridad terminó por convertirse en su peor enemiga.

Mientras que por las mañanas era uno de los juveniles más aplicados en la escuela formativa del Hellas Verona, tocar el balón se convertía por las noches en un tema secundario en su cabeza para darle lugar a la nostalgia. “Me vuelvo, el sueño del fútbol se acabó para mí”, era la oración que Jorginho le repetía a su madre cada vez que las luces de su habitación se apagaban y tenía que lidiar con la incertidumbre de la distancia. Ella, tal como lo hiciera en aquellos días en los que fue su maestra sobre la arena, acudía a su rescate con la sapiencia que solo el instinto materno hace florecer: “No vas a volver. Si regresas, tendrás que buscar otro lugar donde quedarte”, le decía. Obviamente, la rudeza de sus palabras eran en sentido figurado. María Tereza confiaba en su hijo más que él mismo, por eso no quería que sus temores lo condenaran a comprar un boleto de regreso a Brasil.

Jorginho disputó tres temporadas con el primer equipo del Hellas Verona: dos en la Serie B y una en la Serie A. (Foto: Getty Images)
Jorginho disputó tres temporadas con el primer equipo del Hellas Verona: dos en la Serie B y una en la Serie A. (Foto: Getty Images)

Desde que comenzó a utilizar su inseguridad como combustible en los entrenamientos, dejó de gastar el poco dinero que ganaba –a los juveniles del Hellas Verona le pagaban alrededor de 25 euros al mes– para llorar delante de su madre por teléfono y se volvió un chico más autosuficiente. Esa fortaleza le permitió seguir escalando en el club de Véneto, hasta que surgió la posibilidad de marcharse prestado al AC Sambonifacese para disputar la temporada 2010-11 en la Lega Pro Seconda Divisione con 18 años.

Jugando un total de 31 partidos en la cuarta división del fútbol italiano, Jorginho entendió que para llegar al primer equipo del Hellas Verona tenía que seguir trabajando. Eso sucedió un año después, manteniéndose como habitual titular en el esquema del técnico Andrea Mandorlini hasta conseguir el ascenso a la Serie A en el curso 2012-13. Ya tenía 21 y había dejado de lado esa timidez que alguna vez mostró, para transformarse en un mediocampista capaz de adueñarse de las riendas de su equipo con la solvencia de un experimentado. La Primera División era el nuevo escalón a superar.

Graduación en Nápoles

Las cualidades de Jorginho no pasaron desapercibidas desde su debut en la Serie A y el Napoli, por entonces dirigido por el español Rafa Benítez, solicitó su traspaso a mediados de la temporada 2013-14 para reforzar su mediocampo. No obstante, no fue sino hasta la llegada de Maurizio Sarri al banquillo napolitano en la 2015-16 que encontró su versión más sólida y completa, la cual le sirvió para mostrarse ante los ojos de Europa.

La Juventus, que por entonces no tenía competencia en la Serie A, halló en el Napoli de Sarri un rival dispuesto a arrebatarle la corona a punta de un estilo de juego exquisito que hasta ahora genera suspiros en el San Paolo. Lamentablemente, por más que en las campañas 2015-16 y 2017-18 pelearon a hasta el final, no lograron levantar el Scudetto y quedaron segundos. A pesar de esos triunfos morales en la tabla de posiciones, el fútbol desplegado por ese equipo tuvo en Jorginho a uno de sus pilares más importantes.

Desde que coincidieron por primera vez en el Napoli durante la temporada 2015-16, Jorginho entabló una sólida relación con Maurizio Sarri. (Foto: Getty Images)
Desde que coincidieron por primera vez en el Napoli durante la temporada 2015-16, Jorginho entabló una sólida relación con Maurizio Sarri. (Foto: Getty Images)

Los datos que arroja el sitio web sobre Jorginho son contundentes y grafican claramente su crecimiento desde que jugó por primera vez en la máxima división de Italia. En la primera mitad de la temporada 2013-14, cuando debutó en la Serie A y jugó por última vez en el Hellas Verona, consiguió un 86.6% de aciertos en sus pases. Pero para la 2015-16, en el estreno de Sarri como entrenador del Napoli, consiguió un 90.9% de aciertos en sus pases. En la 2016-17 se mantuvo en esa misma línea y alcanzó un 90.5% de precisión, cerrando su última etapa en Italia con un 89.5% en la 2017-18. Estos datos, además de describirlo como el amo y señor del mediocampo celeste, no se explicarían sin la apreciación de que más de la mitad de esos pases los hizo en campo rival.

Si alguna vez Jorginho fue descrito como un mediocampista seguro con el balón pero temeroso al momento de arriesgar un pase hacia adelante, conforme se fue adaptando a la exigencia del fútbol italiano su juego fue tomando forma hasta hacerse más completo en favor del estilo ofensivo que proponía Sarri. Ese manual, aprendido desde los días en la arena con su madre y perfeccionado en una de las escuelas más rígidas de Europa, se trasladó a Londres para por fin conseguir la consolidación internacional. De ganar 25 euros para a las justas llamar a su familia en Brasil, Jorginho fue transferido del Napoli al Chelsea por 57 millones de euros en la temporada 2018-19.

El amo silencioso del mediocampo

Desde aquel arribo a la capital inglesa todo continuó en ascenso para el ítalo-brasileño. En su primer año vestido de azul –también bajo la dirección de Sarri– levantó la Europa League venciendo al Arsenal en la final, para posteriormente lograr la Champions League 2020-21 con el alemán Thomas Tuchel como entrenador. A su prolijo juego con el balón y su clásico posicionamiento para dirigir el mediocampo, el extécnico del PSG le agregó al juego de Jorginho una importante cuota de entendimiento táctico que lo llevó a ser apodado por sus propios compañeros como el ‘Profesor’. A su 89.2% de precisión en los pases en la Premier League 2020-21, le agregó la media de 1.4 intercepciones y 2 entradas exitosas por partido. Y si contamos solo los partidos de la Champions League, los números llegan hasta 2.2 en ambas categorías.

Su vínculo con la selección de Italia vio sus frutos en el título de la Eurocopa 2020, pero comenzó en 2016 cuando debutó en un amistoso ante España de la mano de Antonio Conte. Sin embargo, para Giampiero Ventura, director técnico de La Nazionale entre mediados de 2016 al 2017, el fútbol dominante de los pies de Jorginho no servían para el estilo rústico de su propuesta, dejándolo al margen o con poquísima participación hasta ver cómo su proyecto se fue por la borda al no clasificar al Mundial de Rusia 2018.

Con Roberto Mancini en el banquillo desde 2018, Jorginho encontró otro contexto para hacerse notar, ya no tan atado al ADN del fútbol italiano y más libre para, como siempre lo hizo en sus clubes, adueñarse de la medular de Italia. En la Eurocopa 2020 jugó todos los partidos como titular, completando 93% de precisión en sus pases y 3.6 intercepciones por duelo. Que su selección solo haya recibido cuatro goles –ninguno de ellos en la fase de grupos– y anotado trece, habla muy bien de lo equilibrado que se mostraron frente a cada rival, esto gracias –en gran medida– a la ubicación del ‘8’.

Un Balón de Oro por inercia

Desde que el Premio a Mejor Jugador de la UEFA reemplazó al de Futbolista Europeo del Año en 2010, esta es la primera vez que tres mediocampistas forman parte de la terna final –Kevin De Bruyne y N’Golo Kanté la completan–. Esto explica que a diferencia de otras temporadas, la valoración de los goles ha cedido el paso a la importancia de jugadores como Jorginho para el funcionamiento del colectivo de un equipo. Así pues, a los éxitos de Andrés Iniesta (2012) y Luka Modrić (2018) en este galardón, es muy probable que se le sume el nombre de este chico nacido en Imbituba hace 29 años.

Jorginho levantando la Champions League, el preludio de su consagración con Italia en la Eurocopa 2020. (Foto: Getty Images)
Jorginho levantando la Champions League, el preludio de su consagración con Italia en la Eurocopa 2020. (Foto: Getty Images)

De confirmarse el reconocimiento para Jorginho, el fútbol actual, sumido en una crisis donde las grandes figuras se quedaron con las manos vacías a nivel internacional en la 2020-21 (Kylian Mbappé, Neymar, Cristiano Ronaldo y Lionel Messi a penas se conformaron con una copa doméstica –sin contar la Copa América del argentino–), tendrá un representante que reivindique el triunfo de los cracks silenciosos, los que no aparecen en toda la película pero son directores a tiempo completo. Este, muy a su estilo, nació en la arena de una playa, creció bajo el cielo de Verona, se consolidó caminando en los suburbios de Nápoles y se mostró al mundo defendiendo a la selección de su tatarabuelo. Si llegó hasta aquí, ¿por qué sería osado pensar en el Balón de Oro para su vitrina?

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