Postal de un momento de gloria. Vargas acompaña en la foto a un Fano que explota de emoción con su gol a Argentina. (Foto: GEC)
Postal de un momento de gloria. Vargas acompaña en la foto a un Fano que explota de emoción con su gol a Argentina. (Foto: GEC)

Una única vez me pasó que en una madrugada oscura, con el polo empapado de frío sudor, me desperté de una terrible pesadilla. Había soñado que estaba paralizado a ras de cancha del Monumental de Ate y veía que sí se apoyaba con Paolo de La Haza y no atropellaba a Sebastián Battaglia hacia el arco de para que anote el gol de la . Salté de la cama, prendí la PC, busqué en YouTube la narración de Daniel Peredo a cuatro cámaras de CMD y respiré aliviado. Ahí está, sí fue gol, pensé mientras abrazaba otra vez mi almohada.

Nos pasa, a muchos de los que andamos por los treinta años, que el Perú-Argentina del 2008, por las Eliminatorias, es el único partido que no podemos olvidar de ese espantoso proceso. Le debe pasar lo mismo a otras generaciones con el Chile-Perú camino a Francia 98, o el Perú-Ecuador de Alemania 2006 con el 'Cóndor' Mendoza fallando lo imperdonable. O para ser más fatalista: con el Argentina-Perú de México 86 con Gareca metiendo el puñal en la línea del arco peruano. La gran diferencia con los duelos mencionados es que, rumbo a Sudáfrica 2010 y contra el primer Lionel Messi de la historia, la 'Blaquirroja' hizo de un empate la más cantada de las victorias.

Soy tan 'cabulero' que ese miércoles 10 de setiembre del 2008 repetí todo lo que había hecho el sábado 6 anterior, día que la selección peruana consiguió ante Venezuela su primera victoria oficial en las Eliminatorias con Chemo del Solar en el banco. Almorcé el mismo arroz chaufa en el mismo chifa cerca a la academia del Centro de Lima donde estudiaba. Me senté en el mismo asiento la línea 9405 -el gigante Covida naranja- que pasa por Alfonso Ugarte y llega hasta el paradero de Pilas en la Panamericana Norte. Llegué a la misma hora (7:30 p.m.) a la casa de los Mariluz Pacífico para cenar y esperar el partido, y hasta le insistí a mi primo para sentarme en el mismo lugar del sillón de su sala donde gritamos el gol de Piero Alva días atrás.

Para la fecha 8 de aquellas Eliminatorias a Perú ya le había pasado por encima un volquete de construcción. Nombre por nombre, el arranque del proceso encontraba un plantel valioso a cargo de Chemo del Solar. Pero nos disparamos a los pies. No ganamos en el debut (0-0 contra Paraguay), caímos ante Chile en Santiago (2-0), y aunque nos alegramos por el 1-1 contra Brasil, luego llegaría el "escándalo Golf Los Inkas" que, practicamente, redujo a la mitad las esperanzas de clasificar a Sudáfrica. Para colmo de males, unos meses atrás Paolo Guerrero explotaba en pleno vergonzoso Uruguay 6 Perú 0, y se ganaba seis fechas de suspensión.

CON EL CORAZÓN DE TODOS

Entonces, ¿qué Perú mandó al campo Chemo esa noche? Era una selección a la que no le sobraba nada. Con Butrón al arco; Amiltón Prado de la lateral derecho, un novel Carlos Zambrano junto a Walter Vílchez en la zaga y Vargas -su locura y su patada- a la izquierda. La pareja de medios centrales fueron Rainer Torres y Paolo de La Haza. 'Ñol' Solano de extremo por derecha, y Piero Alva cumpliendo la misma función por izquierda. Arriba, Daniel Chávez con Johan Fano, para complicar a la defensa albiceleste. Ni el jugador más arriesgado de Play Station pondría este once en un 'match'.

Voy a reconocerle algo a Del Solar: en ese partido jamás jugó a la defensiva. Asumió bien sus condiciones de menos favorito y frente a figuras como Zanetti, Riquelme, Gago, Messi y Agüero buscó robarse los tres puntos.

Tres momentos claves que recuerdo. De la Haza metiéndole un patadón a Jonás Gutiérrez antes de los 15 minutos, lo que provocó el ingreso de Battaglia. Gago llegando solito por derecha para asistir en el 1-0 al 'Cuchu' Cambiasso a los 82'. Y que faltando cinco minutos cambié de América TV a CMD recordando la cábala del canal en el que había visto la victoria contra Venezuela. La pantalla tenía cuatro cámaras distintas: el banco peruano, el banco argentino, la tribuna y el seguimiento del balón.

No miento ni exagero cuando digo que Argentina cuidaba el resultado en los pies de Riquelme, en la frialdad de Gago, en la tranquilidad de Cambiasso. Hasta que Román, en los últimos quince segundos del tiempo añadido, decidió mandarla a la esquina derecha donde esperaba Messi. Leo, por su naturaleza de encarador, vio venir a Vílchez y tiró para adelante. Metros más arriba salió a apurarlo Zambrano, por eso cuando quiso regresar el balón al medio se encontró con toda la humanidad de Vargas tapándole el pase.

El 'Loco' era una locomotora humeante de rabia y revancha. Por eso apenas jugó largo con Rengifo y recibió otra vez el balón, ni siquiera imaginó apoyarse con De la Haza. Miró el arco contrario y corrió y corrió como si de eso dependiera su vida, la de sus hijos y su futuro. Perdón por Battaglia, que aparece en la imagen como un muñequito de trapo que vuela en el aire por el paso firme de Vargas. Y perdón por Argentina que no imaginó que el puntillazo del botín de Fano les iba a caer como un mazazo en la cabeza.

Cuando Peredo explota y comienza a declamar el verso más cantado en toda la historia de un gol peruano, yo daba vueltas como demente alrededor de la mesa del comedor. “Con el corazón de Vargas”, me golpeaba el pecho. “No merecíamos perder”, caía de rodillas. “Y Fano hizo su trabajo”, lloraba. “Es el mejor final que me ha tocado narrar”, me rendía. Habíamos ganado con el 1-1 en el marcador.

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